Hoy visito tu submundo, donde si practicas el castigo más grande del cielo, la abstinencia, obtendrás la virtud más importante de los necios, la obediencia, y si me respondes soez, usando vocablos que exigen de mayor confianza para hablarme... ¡Es dable!.. Aún eres joven, audaz, sin filtro ni respeto y eso me encanta. Pero ¡ Ulises, cuidado ! Que no existe travesía sin peligro. Y tú, a diferencia del Dante, estas sin un vate protector. Tan sólo tienes un débil escudo protector para entrar a mi campo de fuego. Porque yo soy un dragón, lo olvidaste, caliente y lascivo, mantén la distancia que te quemo.

Y aunque lo estudié casi todo con la Esfinge, el cual es y no es el sentido de tus jugosas y chorreantes ideas herméticas, provoca un curioso y leve gorgoneo en mis asas neuronales. Serpientes más, serpientes menos... apetitoso, apetecible... así te veo.

Y esta noche deseo que, cuando el mal que te domina esté de fiesta, lo que no se hable presientas.

Apagaré por un rato este fuego fatuo: eres demasiado exquisito para incinerarte tan pronto. Sigue indemne pues, lejos de las llamas. Te daré unas horas de descanso que
ocupado ando de la inversa noche entre cuartos.

Dejo el escrito y me desvanezco...